te sueño y te veo.
Y no diré que las cosas no andan bien,
no diré que la vida sigue y no
me faltan ganas de seguirla también.
Algunas veces duele, y lo confieso,
duelen los versos incompletos y las
calles de lastre que ya no te verán.
Y sin saber bien a donde voy,
llegaré a mi tiempo, pero vos amigo,
te fuiste antes, no hubo más atardecer.
Y como cuesta ahora reír sin tu risa,
maldecir y cantar sin pensar que toda
esta absurda comedia quizá no tenga
ningún sentido.
Pero que razón tendrá el tiempo para
pasar más que la de acabarse y descansar.
Amigo, aún mantengo aquel fuego encendido,
enciendo siempre uno distinto,
mantengo viva la esperanza de volver metas
los sueños y de encontrar la manera de
burlar a la muerte.
Y me esconderé en la sonrisa,
en los atardeceres de Puerto Viejo,
en el camino entre la cordillera hasta
mi bello Monteverde,
volveré y abrazaré Rosario, dónde lloré por
primera vez y nunca faltó el abrazo,
dónde estando tan lejos, me sentí perdido.
Soñaré y despertaré alguna vez en París,
con alguna bella mujer, que pensará también
que la vida es parte placer y parte es dolor.
Crecí con el viejo ajedrez,
y vos estabas ahí, dibujabas Cuba en tus
ojalás, yo escuchaba, pensaba, y movía.
Te prometo, amigo, cuando muera
lo llevaré conmigo.
| Enero, 2012. San Martín de Los Andes, Argentina. |
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