07 diciembre, 2012

El viejo ajedrez

Algunas veces pienso en vos,
te sueño y te veo.
Y no diré que las cosas no andan bien,
no diré que la vida sigue y no 
me faltan ganas de seguirla también.

Algunas veces duele, y lo confieso,

duelen los versos incompletos y las 
calles de lastre que ya no te verán.
Y sin saber bien a donde voy,
llegaré a mi tiempo, pero vos amigo,
te fuiste antes, no hubo más atardecer.

Y como cuesta ahora reír sin tu risa,
maldecir y cantar sin pensar que toda
esta absurda comedia quizá no tenga
ningún sentido.
Pero que razón tendrá el tiempo para 
pasar más que la de acabarse y descansar.

Amigo, aún mantengo aquel fuego encendido, 

enciendo siempre uno distinto,
mantengo viva la esperanza de volver metas
los sueños y de encontrar la manera de 
burlar a la muerte.

Y me esconderé en la sonrisa,

en los atardeceres de Puerto Viejo,
en el camino entre la cordillera hasta
mi bello Monteverde,
volveré y abrazaré Rosario, dónde lloré por 
primera vez y nunca faltó el abrazo,
dónde estando tan lejos, me sentí perdido.

Soñaré y despertaré alguna vez en París,

con alguna bella mujer, que pensará también
que la vida es parte placer y parte es dolor.

Crecí con el viejo ajedrez, 

y vos estabas ahí, dibujabas Cuba en tus
ojalás, yo escuchaba, pensaba, y movía.
Te prometo, amigo, cuando muera
lo llevaré conmigo.


Enero, 2012. San Martín de Los Andes, Argentina.


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