Han pasado más de siete meses desde que le escribí una carta, supuestamente de despedida, a un gran amigo que aquella misma semana viajaba de Costa Rica a Córdoba, Argentina. La verdad es que aquella carta era más bien un manifiesto de inconformidad, decepción, y al mismo tiempo un reclamo a la esperanza, que parecía, se quedaba cada vez más dormida. Sentado en un buen puerto del Mediterráneo llegaban noticias del acontecer político de mi país, así que podrán imaginar: era escribir o morir ahogado de cosas pendientes por decir y gritos queriendo escapar.
Han pasado más de siete meses desde que le escribí aquella
"Carta para un viejo amigo", carta que luego publicaría en este blog como
"Carta para un amigo viajero" (la entrada más leída hasta el momento). Después de todo este tiempo recibí, sin esperarlo, y por lo tanto como una gran sorpresa, su respuesta. No quisiera contarles sobre su mensaje y más bien quisiera compartirles la carta completa, ese llamado a la esperanza que considero, nos corresponde a todos.
"Como hasta ahora lo hemos hecho, deberemos apostar por la esperanza."