Nos cruzamos,
como se cruzan los trenes
a toda velocidad,
en dirección contraria,
en mitad de las vías.
Y duró lo que duran los trenes,
y vibraron mis huesos,
como vibran las estaciones del metro.
Relatos, reflexiones, fotografía... movidas así. Un espacio para contar y mostrar el mundo que entiendo y me invento.
20 diciembre, 2013
12 diciembre, 2013
Pequena e doce luz de Lisboa
Llegamos a Faro una noche fresca de diciembre. Desde Málaga viajamos en auto compartido hasta Sevilla, un café con leche y un bocadillo de jamón serrano y queso ibérico hasta que una hora después nuevamente en auto compartido hasta Huelva, provincia española que limita al oeste con Portugal, ahí tuvimos que esperar por más de cinco horas el siguiente autobús hacía Faro. Por fin en Portugal. Sin mapa ni lengua, y aquella ciudad parecía muerta. Intentamos robar Internet sin conseguirlo y terminamos por memorizar las dos o tres calles que nos llevarían a encontrar algún hostal para pasar la noche. Así empezamos a caminar a nuestra suerte hasta que dios o la virgen iluminó con una farola el rótulo con el nombre de la calle que teníamos anotado en un papel arrugado y que nos llevaría al hostal Casa d'Alagoa. Sobre los hostales diré dos cosas. Duermo mejor y con menos frío que en mi cama en la Comedias. Y además, que cada noche fuera de casa siempre encuentro uno mejor y más barato.
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