31 diciembre, 2014

Nuestra historia - Repaso de un año y agradecimiento

Hoy que finaliza un año, que se acaban algunos ciclos y otros nuevos que apenas comienzan. Hoy que surgen apenas las primeras ideas para los siguientes viajes, que han cambiado tanto los planes que ya tenía, y que intento, de la mano de otros, buscar maneras y respuestas para cambiar el mundo, aunque ese cambio a veces parezca ser insignificante. Que más da... somos soñadores.

23 diciembre, 2014

Historias de la ciudad - El taxista y la Virgen María

Él me levantaba cada día a las 5 de la mañana, bien es sabido que "a quien madruga, Dios lo ayuda". Durante los días de vacaciones cuando yo era apenas un carajillo de 8 años, lo que me hacía más feliz era preparar mis maletas para quedarme algunos días en casa de mis abuelos, en Coronado. Mi abuelo siempre fue muy religioso, y casi tan ingenuo era su deseo de vernos (a mí o a mi hermano mayor, Javi) convertidos en sacerdotes o desempeñando algún oficio similar, como el mío de ver a Costa Rica levantar la copa del mundo en Brasil. Puedo asegurarles que La Sele estuvo más cerca de conseguirlo.

27 agosto, 2014

Historias de la ciudad - Lo más Rock & Roll de por aquí

Pude correr, salir en busca de aquella sonrisa. Pude escribirle otra vez, preguntarle dónde estaba, en qué sitio se había metido. Pude ir y besarle una mejilla, la otra justo después, pude besarle los labios sin su permiso. Una bofetada para poner todo en su lugar no es tan grave cuando han pasado tantos años como pasan las nubes, disimulando la alegría y la tristeza con su torbellino blanco.

Cuando quise coincidir con ella, me vi perdido hasta escuchar su voz apenas en un susurro diciéndome: "Por fin viniste, te estaba esperando". Y así, en uno de esos bares con tantas historias como gente tomando su cerveza en medio de la calle, fue donde bailamos una vez más. Apenas una de las grandes cosas que pasan siempre, o casi siempre, en los bares maltrechos de por aquí.

24 mayo, 2014

Amigo cuéntame otra vez

Han pasado más de siete meses desde que le escribí una carta, supuestamente de despedida, a un gran amigo que aquella misma semana viajaba de Costa Rica a Córdoba, Argentina. La verdad es que aquella carta era más bien un manifiesto de inconformidad, decepción, y al mismo tiempo un reclamo a la esperanza, que parecía, se quedaba cada vez más dormida. Sentado en un buen puerto del Mediterráneo llegaban noticias del acontecer político de mi país, así que podrán imaginar: era escribir o morir ahogado de cosas pendientes por decir y gritos queriendo escapar.

Han pasado más de siete meses desde que le escribí aquella "Carta para un viejo amigo", carta que luego publicaría en este blog como "Carta para un amigo viajero" (la entrada más leída hasta el momento). Después de todo este tiempo recibí, sin esperarlo, y por lo tanto como una gran sorpresa, su respuesta. No quisiera contarles sobre su mensaje y más bien quisiera compartirles la carta completa, ese llamado a la esperanza que considero, nos corresponde a todos.

"Como hasta ahora lo hemos hecho, deberemos apostar por la esperanza."

17 mayo, 2014

Un lunes casi normal

Los lunes son de almorzar en la facultad. Dos cervezas y olor a cigarro la pareja del frente; yo sonrío con esa mueca complaciente que solo yo, en esta ciudad, entendería. Los lunes son también de promesas repetidas. Después de los algoritmos de Huffman y Welch en mi clase de codificación, salgo por la puerta del salón jurando empezar esta misma semana todos esos proyectos pendientes que me harán, según yo, el emprendedor del año en alguna reconocida revista de algún lugar del mundo. ¡Que emoción!

Cada lunes doy un paso, y un día de estos he de plantearme muy seriamente, como dice la canción, dar al menos diez de un tirón y así dejar de lamentar tantas promesas inconclusas. Mientras tanto, y ya que este lunes va a paso lento y apenas a mitad de camino, me detengo con un exquisito interés a mirar ese extraño certificado que aprueba los alimentos del restaurante para consumo halal; espero mi turno, elijo mi primer y segundo plato, y como no, un café cortado después. ¡Que alegría sentirse tan vivo!

22 marzo, 2014

Como un disparo andaluz

De Andalucía sabía lo que saben mis abuelos del internet, solo que existía. Este recorrido fotográfico resume algunos de mis viajes por esta comunidad autónoma de España, al menos en los que pude fotografiar o sentí la necesidad de hacerlo. Algunos sitios me producieron cierta indiferencia. Uno de ellos es la ciudad de Huelva, donde estuvimos durante algunas horas mientras esperábamos el siguiente bus hacía Faro, ciudad al sur de Portugal, en nuestro viaje hasta Lisboa. Fueron más emocionantes las conversaciones sentados al lado de la estatua de Cristóbal Colón que cualquier fotografía que se me pudiera ocurrir, así que guardé mi cámara y no disparé más. Algunos otros sitios, aunque no podía evitar enamorarme en cada esquina, tampoco se dejaron fotografiar. Granada es uno de esos sitios, que con la buena compañía y la comedera de tapas, me hizo olvidar y guardar la cámara, así que tampoco disparé más. Bienvenidos a Andalucía, España, espero disfruten este viaje como lo disfruté yo. Quizá algún día podamos volver y disparar (balas de cartón y de luz), atrapar todas aquellas fotografías que aquellos días no se dejaron atrapar y visitar todos aquellos sitios que aún no se dejaron descubrir y explorar.

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Como un disparo andaluz: Córdoba

Media ciudad aún dormía y la otra mitad despierta apenas bostezaba cuando salí de casa hacia la estación. Todavía no eran tan frías las mañanas y todavía me quedaba un buen dinerillo en el bolsillo. Así, compré billete de ida y vuelta hacia la ciudad de Córdoba, esa entrañable ciudad que me dejó el recuerdo de un primer viaje dentro de España y la épica experiencia de mi visita al Patio de Columnas del Palacio de Viana, lugar donde Luis Eduardo Aute grabó su concierto Humo y Azar.

Ese día me sentí culpable, culpable de no sentirme extraño. Culpable de sentir como si aquello no fuera un viaje sino un regreso, culpable en fin. Mientras tanto el sol seguía calentando mi brazo derecho cuando cruzaba las tierras áridas que separan la siempre calidad ciudad de Málaga de la milenaria Córdoba, pensaba además en todos esos sueños de Madrid y Barcelona (las batallas perdidas y las alegrías que llegan solo con imaginar) que nunca se acabarán. Ya habrán escuchado que hay besos de esos que cuando te los dan, reviven a un muerto. Y allí, en ese hermoso país, yo había renacido.

Este álbum representa mi recorrido por las calles de Córdoba, el Puente Romano, La Mezquita, los jardines del Palacio de Viana, el Alcázar de los Reyes Cristianos y algunos más de sus rincones y paisajes.

Como un disparo andaluz: Gibraltar

Gibraltar pertenece oficialmente al Reino Unido, sin embargo, está ubicado en territorio ibérico, al este de la bahía de Algeciras. Esa extraña combinación de ibéricos y británicos sugiere que todo aquello no es más que una puesta en escena para ofrecer el mundo y la calidez que todos los turistas esperan ver. Aún así, reímos con los monos de las alturas y disfrutamos de las vistas que desde ahí se tenían, disfrutamos mucho de aquel interesante desorden cultural. Para llegar a lo más alto de las rocas, superamos el miedo a las alturas -o al menos lo enfrentamos-, nos perdimos en el laberinto de las calles pequeñas y antiguas de la ciudad, pregunté un par de veces: "tenemos dos opciones -como siempre-: la derecha o la izquierda, ¿hacia donde vamos?". Mi amigo, con esa sonrisa cómplice, no dudaba nunca en responder: "Izquierda, ¡claro!".

Como un disparo andaluz: Cádiz

Fue en aquel atardecer de Cádiz cuando me supe roto otra vez, volaron mis manos, mis piernas, al otro lado y a toda velocidad mi cabeza. Recordé cuanto daño hace algunas veces ser cada día un niño y hombre a la vez. Hace daño en un mundo donde ser feliz es cosa de locos, no de responsables y cuerdos. En cada nuevo viaje, en cada nuevo encuentro o en cada despedida, una parte de mi se queda, me hago trizas, me esfumo. Me convierto apenas en un fantasma, de pasos húmedos sobre las calles por haber bailado con el mar, dejo a mi paso migajas de lo que soy y de lo que fui. En Cádiz me sentí libre, conocí sus historias cuando cerré mis ojos frente al mar, vi de cerca morir a miles de indígenas, sentí ganas de llorar cuando el niño negrito fue obligado a rezarle a un dios que nunca conoció, sentí en mis venas la pasión de los pescadores, de los marineros. En esta ciudad todo es una historia, algunas te hacen llorar, otras te hacen cerrar los ojos y desear escuchar el mar y el viento una vez más. Cádiz, más que cualquier otra cosa, es libertad.

Como un disparo andaluz: Ronda

En Ronda tengo tres historias. La primera se escribió cuando apenas tenía una semana de haber llegado a Málaga. Se organizó un viaje para todos los estudiantes de intercambio que iniciábamos nuestra experiencia ese semestre, así que fui a esa pequeña ciudad perteneciente a la provincia de Málaga en un bus lleno de personas desconocidas, todos hablando cualquier otro idioma menos español. Conocí a muchas personas pero solo a una que terminaría por ser un gran compañero de viaje durante mis cinco meses en España, Julian, el chico alemán que me había guiado por las pequeñas y viejas calles de Gibraltar.

La segunda historia, y probablemente una de las más bellas historias en toda esta experiencia (incluyendo todos los viajes pasados y venideros), fue la historia de como volví a sentir el cálido abrazo de una familia cuando Clara, mi compañera de piso en la Comedias, me invitó una noche y dos días a compartir el inicio de un nuevo año con su familia. Un almuerzo exquisito, muchas risas, muchas fotos de tiempos en que fueron tan felices -y nada había cambiado hasta el momento más que la vejez, siguen siendo una familia que no puede evitar transmitir esa felicidad, al menos eso fue lo que me traje de Ronda en aquella oportunidad, felicidad-, historias de todos sus viajes por España y Argentina, una perra asustada por los fuegos artificiales y la promesa de un asado en su casa el próximo verano. Una de las promesas que más me ha dolido romper.

Como un disparo andaluz: Sevilla

Sevilla es la capital de Andalucía, característica que la hacía un destino obligatorio para mi. Esta ciudad tiene para mi dos nombres: reencuentro y despedida. En Sevilla me esperaban las chicas que había conocido en Lisboa (y con quienes había coincidido en nochebuena en Madrid) que ya me habían ofrecido un lugar en su piso durante mi estadía. Llegué a la ciudad justamente los últimos días que las chicas estarían en España. Habían terminado su intercambio y les había llegado la hora de volver a casa. Sentí la nostalgia como si fuera propia. Sentí la despedida como si fuera yo quién tuviera que tomar el avión hasta otro continente. Sentí las lágrimas de Carmen Chew como si fueran las mías. Y aquel día entendí lo difícil que sería el día que llegara mi hora de volver. La mañana que partieron salimos muy temprano de casa, cerca de las 6 a.m., les ayudé a cargar las maletas al taxi, cerramos la puerta de su piso y nos dijimos adiós (pensé: "ojalá, chicas, que volvamos a vernos").

Como un disparo andaluz: Málaga

Salí de la puerta del aeropuerto, busqué el tren de cercanías que me llevaría hasta la estación Málaga Centro Alameda. Mi cara seria, más bien triste. Pensaba en la intensidad del viaje que estaba acabando y del que estaba por terminar. Volver a la ciudad tenía el amargo sabor de una crónica de muerte anunciada. Habían pasado casi cinco meses desde que llegué a Europa, y para ese momento, solo tendría cinco días más para despedirme de los últimos amigos que aún quedaban en Málaga y para preparar mis maletas, regalos, recuerdos, historias. El viernes por la mañana volvería a Costa Rica.

Málaga es como contaban. Imposible no enamorarse de esa ciudad, de su gente, de los locales y de todas las personas que me acompañaron durante mi experiencia de intercambio. Aquella tarde que regresé de mi viaje por Austria y Alemania, y casi dispuesto y obligado a empezar a preparar mi regreso, escribí una carta de despedida que hasta el momento no había publicado, y aunque lamento que este relato se extienda tanto, no podría perdonarme no compartirla ahora. Aquí se las dejo:

04 febrero, 2014

La celda del parque


Recuerdo la canción que dice que atarse de manos también es libertad. Esto lo cantó el mexicano Edgar Oceransky, hace ya algunos años, en San José, donde tuve la oportunidad de escucharlo en un concierto acústico junto a mi hermano Dani Chaves. Bien ya lo había dicho Jean-Paul Sartre mucho tiempo atrás, que los hombres, y con esto quiero decir, la humanidad en general, estamos condenados a ser libres. No es entonces apresurado ni disparatado asumir que ser preso no tiene, del todo, una connotación tan negativa como pensamos, pues a final de cuentas, es algo con lo que tenemos que lidiar cada día, y en el mejor de los casos, aprender a disfrutar y ser feliz bajo esa condición. De eso se trata esta pequeña prosa, inspirada en alguna celda de esta extraña pero agradable prisión que es vivir.

18 enero, 2014

Madrid en mis fotos y canciones de otros

Hubo una vez en que Madrid saltó de alegría al verme, el cielo azul, los pantalones cortos, mi primera caña con tapa, hubo una vez en que por fin la encontré, y también me alegré al verla. De aquel día me quedó la promesa de un reencuentro, de volver y ponerle nombre a la fotografía que tomé sin tener idea del lugar donde estaba.

07 enero, 2014

D'aquells dies a Barcelona

Escribo esto en un momento de crisis. A pesar del telediario y de las redes sociales, en esta oportunidad me refiero a una crisis individual, la propia. Un fenómeno que flota entre la creatividad y la necesidad de saltar, nadar en mares más extraños y turbulentos, esa necesidad de ofrecer algo más en lo que escribo. Una cuestión de autoestima quizá. Pero más allá de los bufones necios y, a falta de nuevos argumentos, cada vez menos graciosos, escribir sobre algunas situaciones o experiencias adquieren un sentido necesario que es el de firmar con sangre que alguna vez fuimos tan felices, tan tristes, tan bien acompañados -en cualquier sentido posible-, tan solos, o simplemente tan indiferentes. En Barcelona, sumaron los días en que fui tan feliz -sin olvidar tan agradable compañía-, y de eso se trata este pequeño relato.