Pasados los días, me tomé algún tiempo para pensar en lo mucho que yo había cambiado desde aquel momento, en las nuevas cosas que había descubierto y en lo absurda que me parecía la mayor parte de nuestras vidas. Todo en lo que creía dio un girón y se volcó hacía cosas inimaginables: deseé la libertad, una libertad racional y consiente. Volvió esa necedad extraña que nos cansa con sus suplicas pidiendo que tomemos un lápiz y un papel y nos lancemos a escribir:
Entendí que lo material no es más que un medio –fundamental y necesario- y que la única forma de vivir eternamente es luchar por dejar un legado –y en el mejor de los casos, lograrlo-, porque la idea de esa vida eterna que proclama la divinidad, no va muy bien conmigo. Prefiero creer que cuando morimos solo seguimos siendo lo que hemos sido siempre, materia y magia que conforman este grandioso universo, y solo por aliviar mis miedos, quizá aún mantengamos la conciencia y la razón. Al final, el sentido de la vida puede reducirse a un agujero negro, al café de las mañanas, a los libros que me prometieron mis amigos o a simplemente nada.
La memoria, lo único que pareciera librarse de la condena universal de ser absurdo. Por esto me he convencido de no quedarme inmóvil al lado del camino, pues he pretendido ser feliz en ella, sé que será grandioso. Me emociona imaginar las cosas tan bellas que tendré el privilegio de vivir, me emocionan las personas e historias que aún no conozco, los lugares que aún no he fotografiado, me emociona estar vivo.
Decidí escribir sobre mi próxima aventura, así que este es el primer paso. La próxima vez que escriba, si todo sucede como lo imagino -o mejor-, iniciaré con una descripción sobre como el corazón estuvo a punto de detenerse al saberse de nuevo en un aeropuerto, perdido, y con una mochila sobre los hombros… simplemente viviendo.
[…]
Amigo, aún mantengo aquel fuego encendido,
enciendo siempre uno distinto,
mantengo viva la esperanza de volver metas
los sueños y de encontrar la manera de
burlar a la muerte.
[…]
Soñaré y despertaré alguna vez en París,
con alguna bella mujer que pensará también
que la vida es parte placer y parte es dolor.
[…]
Entendí que lo material no es más que un medio –fundamental y necesario- y que la única forma de vivir eternamente es luchar por dejar un legado –y en el mejor de los casos, lograrlo-, porque la idea de esa vida eterna que proclama la divinidad, no va muy bien conmigo. Prefiero creer que cuando morimos solo seguimos siendo lo que hemos sido siempre, materia y magia que conforman este grandioso universo, y solo por aliviar mis miedos, quizá aún mantengamos la conciencia y la razón. Al final, el sentido de la vida puede reducirse a un agujero negro, al café de las mañanas, a los libros que me prometieron mis amigos o a simplemente nada.
La memoria, lo único que pareciera librarse de la condena universal de ser absurdo. Por esto me he convencido de no quedarme inmóvil al lado del camino, pues he pretendido ser feliz en ella, sé que será grandioso. Me emociona imaginar las cosas tan bellas que tendré el privilegio de vivir, me emocionan las personas e historias que aún no conozco, los lugares que aún no he fotografiado, me emociona estar vivo.
Decidí escribir sobre mi próxima aventura, así que este es el primer paso. La próxima vez que escriba, si todo sucede como lo imagino -o mejor-, iniciaré con una descripción sobre como el corazón estuvo a punto de detenerse al saberse de nuevo en un aeropuerto, perdido, y con una mochila sobre los hombros… simplemente viviendo.

Puff! Recordarte mi hermano es devolverte la vida, en la esperanza que no te has ido, que giras y giras en nuestros corazones. ..."Aún dejas caer migas de pan para alumbrar nuestros reencuentros".
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