15 octubre, 2013

Málaga es como contabas

A fuerza de querer estar solo y querer además salir a tomar un café, me fui a caminar por la ciudad, y fue realmente sorprendente.

Me sorprendió caminar por calle Ejido, frente al Conservatorio Superior de Música de la Universidad de Málaga. Escuchar aquellos sonidos, uno diferente por cada ventana, cada instrumento disfrutando del festín que los maestros habían preparado para esta tarde, atardecer rojo de verano que casi se acaba. La chica al otro lado de la calle curiosa, mirándome mirar a lo alto la orquesta imaginada, los sonidos que me hacían sonreír. Nos encontramos en mitad de un paso cebra, y yo que seguía conmovido del gran baile de disfraces, del gran juego de colores y destellos de esperanza.


Por fin encontré un buen lugar cerca de Plaza de la Merced, y desde aquí les contaré la historia de cuando llegué a la estación María Zambrano, la estación de buses y trenes de Málaga, y de cuales fueron mis primeras impresiones y emociones los primeros días en la ciudad.

A la estación llegó a buscarme -cerca de la media noche- la chica que me alojaría durante los primeros días mientras encontraba un piso, como les había contado, yo no tenía nada planeado aún. Con ella venía una argentina quien es su compañera de piso y que volví a ver hasta la tarde siguiente. Así empezaba este nuevo camino, con la guapa andaluza de prendas algo sueltas y gastadas, un poco hippie diría yo -y eso era fascinante-, su bicicleta vieja ligeramente despintada, y con cinco minutos que me pidió para liarse un cigarrillo antes de empezar a caminar.


El piso estaba a unos 20 minutos caminando desde la estación, mi cuarto sería el sillón de la sala, con vista privilegiada a los edificios maltrechos del frente. La bandera de aquel pequeño lugar era la bandera tricolor de la Segunda República Española, la misma que he llegado a querer como si fuese mi bandera también, como si fuésemos parte de la misma generación que vencida vio sangrar a Latinoamérica. Aquella bandera que vio sangrar al país durante la guerra, y aunque luchó por cambiar la historia, no pudo evitar que los traidores pisotearan la soberanía de los pueblos que aún hoy resienten aquella persecución.



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Vista desde el sillón de la sala

Así pasaron los primeros días, entre compras baratas en el super, reciclaje de comida en el mercado -que mas o menos es preguntar en cada puesto por la comida que están a punto de botar, y ellos te la dan si ningún costo-, llegadas por la mañana del día siguiente después de salir a tomar algunas cervezas en el Modernícola y con un terrible malestar que me atacó tres días después de mi llegada y durante una semana. Lo pasé muy mal encerrado en la habitación, con un calor agotador y con todas las ganas de salir a explorar la ciudad acabadas.


Seguí mi camino hacía la costa, atravesando calle Larios, una de las principales calles peatonales de la ciudad, y sin duda la mas hermosa. Así llegué hasta el paseo marítimo, donde siempre hay un barco que llega a buen puerto después de navegar por el Mediterráneo. Y desde aquí, continuaré con mi historia.



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Octubre 2013. Puerto de Málaga desde el Castillo de Gibralfaro.

En Málaga la gente es alegre, con ese acento andaluz que abraza a cada palabra y da una palmada en la espalda solo para confirmar que somos amigos. Un bar en cada esquina, en cada calle, en cada rincón. En Málaga los niños corren por las calles y los turistas sacan sus costosas cámaras sin temor a ser asesinados. Es fácil enamorarse de inmediato de cada mujer que cruza calle Larios con sus pantalones cortos y con la sonrisa que regalan cuando se encuentran las miradas. Hay un único dios y se llama Sol -miento, los malagueños son muy católicos, pero la verdad es que el sol es lo que da vida a este lugar- y con él sale la gente a caminar por el parque, un oasis entre tanta tierra seca, por el puerto, y por las playas de La Malagueta, El Palo y Pedregalejo.


En Málaga hay más de mil maneras de pedir un café (sólo, largo, mitad, sombra, nube...), hay frases extrañas y un equipo de fútbol con una de las aficiones más fieles del país, sin embargo este no es un buen año, y los malagueños lloran cada fin de semana una nueva derrota, empate, o victoria a tientas, mientras recuerdan con nostalgia aquella Liga de Campeones de Europa donde hicieron historia por llegar tan lejos. En Málaga te responden "nada" cuando dices gracias, y te confiesan "echaba de menos tu acento" cuando han tenido la suerte de haber estado alguna vez en Costa Rica.



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Octubre 2013. Frente Bokeron en La Rosaleda.

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Octubre 2013. Derrota de Málaga ante Osasuna en La Rosaleda.

Me vine al faro a terminar de escribir, cae la tarde y estoy pensando en ir a comer boquerones acompañados con una fría y exquisita caña o un tinto de verano. Desde aquí me voy despidiendo.


Málaga me enamora cada día más, esta pequeña ciudad al sur de España, acogedora, familiar, mágica, llena de personas que vienen desde el sur, más al sur, del otro lado del Mediterráneo, desde el norte quienes no soportan más el fuerte invierno que los agobia cada año, y pienso en lo afortunado que soy por estar aquí, por poderla conocer. Pienso en todas las personas que han puesto un escalón para ayudarme a cumplir mis metas y mis sueños. Muchas veces sin siquiera enterarse de ello.


En definitiva, hay personas que me inspiran, y no hablo de grandes personajes de la historia sino de quienes me han hablado y escuchado alguna vez. Aunque por mi tendencia de salir en busca de algo, sin saber muy bien de qué, donde algunas veces encuentro paz y otras guerra, por esa tendencia que algunos llaman huir, muchas veces los personajes que si son grandes a cada paso que doy y en cada descanso, no están tan cerca. Aun así, con los besos y abrazos que envían en cartas digitales contando su propia historia, me siguen inspirando cada día y sin saberlo me cambian la vida a cada instante. Sé que tendrán otros referentes, y que se sentirán poca cosa al saberse apenas aprendices de lo cotidiano y de lo grandioso, pero si con tan poca cosa han sido tan gigantes, puedo imaginar lo que podríamos hacer juntos.


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Octubre 2013. El otro lado de la ciudad. Al fondo el estadio La Rosaleda.

Hoy vivo en una calle entre bares y cafés, un piso viejo y barato donde dormir es necesidad y no un lujo, con la española y el argentino que hacen que mi calle se llame algunas veces Rock & Roll. Hoy que soy tan feliz, que el autobús de la línea 11 me espera cada medio día para ir a la facultad y los planes de nuevos viajes se ponen cada vez más serios, puedo decir: "Málaga es como contabas, hoy fui a pasear".


2 comentarios:

  1. Para empezar esa última foto esta espectacular, mirando la tierra conquistada.
    Me hiciste entrar en Málaga, recorrí sus calles contigo, el aroma del cafe recién hecho, y la satisfaccion en las manos de tocar un sueño. Gracias por el relato, me gustó.

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    1. Gracias por el comentario y por compartir la experiencia en este lugar!

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