14 noviembre, 2013

Carta para un amigo viajero

Noviembre 14, 2013
Málaga, España

Amigo,

Nos asechan tiempos enfermos y confusos. Urgidos, comprensiblemente, de tareas fundamentales de la humanidad que aún se mantienen en cola de pendientes y saldos inacabables. Urgencias que han sido silenciadas por la historia y por protocolos claros y consolidados que pretenden ocultar y desmoralizar a quienes se atreven a hablar de más, protocolos que pretenden cortar los dedos y las manos a cualquiera que pretenda libertad, la única fuerza suficiente que empuja siempre hacia adelante, el aliento para vivir, vivir de forma digna la condena que en sí mismo, eso representa.

Nos asechan tiempos de ignorancia, de miedos y resistencia al conocimiento y la ciencia, nuestra única razón de ser. Tiempos tristes y heridos que reclaman ser escuchados, pues vale más, amigo mío, el cotilleo del barrio, el espacio vacío, podrido y millonario de muchos de los medios de comunicación y entretenimiento actuales, que la poesía de Borges y Vallejos, el pensamiento de Bukowski y las canciones de Serrat. Nos asechan tiempos en que no sé si escribir es el infortunio de ser verde entre las hojas de primavera, invisible quiero decir, de quién no se siente conforme, de quién añora el sentido humano, el único sentido común, como un sentimiento universal y obligatorio. 

Y a pesar de todo, amigo, sigo escribiendo, sigo queriendo estar vivo, y sigo poniendo mis manos aunque eso signifique sangrar, sé que con el tiempo cierran las heridas y la vida agujereada pone la otra mejilla, para nunca dejar de sentir. A pesar de todo, sé que no estoy solo, tengo a mi madre, a mis hermanos y a unos cuantos amigos, te tengo a vos, jóvenes adolescentes que brindaron alguna vez y juntos descubrieron que emborrachar hacía bien.

Me vine al puerto a escribir esta oración, va para el dios que nunca existió y para un par de muchachas que cuando casi se acercaban a diosas, todo desapareció. Así que a falta de lectores te la regalo a vos, que a modo de despedida no viene mal salir a cantar frente a los barcos del Mediterráneo que tambalean entre Marruecos y mi ciudad. El faro al noroeste anuncia la puesta del sol, me voy a casa y tal vez, solo tal vez, algún día pueda ser tan grande como sos vos. 

Sabés que nunca me gustaron las despedidas, pero son el precio de la memoria, y de vos me despido ahora. Te regalo el litoral, el mismo que abraza al Paraná, tendrás mis calles, Avenida Pellegrini y el Gigante de Arroyito, gran ciudad pintada de amarillo y azul que da calor hasta en el invierno más frío. Al oeste Córdoba, será tuya, mientras tanto la ciudad espera, espera, espera, espera... y ya me contarás lo vivido cuando en la Zumbado brindemos de nuevo, pues más que la memoria, los reencuentros.

¡Hasta pronto!

Ps: te mando y regalo esta postal andaluza, que la disfrutes.

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Octubre 2013. Alcázar de los Reyes Cristianos durante mi viaje a Córdoba, España.

1 comentario:

  1. Amigo, creo que la lectura se de esto concluye en palmas, y un cariño enorme, por que quedo yo aca en barrios pequeños y calles que aún no tienen nombre. Y los despido a uds cada mañana, son pocos los días si te pones a pensar que llevamos toda una vida sin estar lejos, y volveremos a aquel bar de la esquina. Un abrazo, me encantó la postal, me gustaría ver más de ese color y detalle. Grande.

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