Nos cruzamos,
como se cruzan los trenes
a toda velocidad,
en dirección contraria,
en mitad de las vías.
Y duró lo que duran los trenes,
y vibraron mis huesos,
como vibran las estaciones del metro.
De repente me sentí libre y valiente,
como quien vive consciente de la ruina,
creyéndome invisible,
retando al frío con la estufa
que ha desaparecido,
haciéndome el muerto,
vacilando y jugando a cambiar
una y otra vez el gas de butano,
aunque a cada una le quede de gas
lo que a mi me queda del salario,
...y de ti.
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