24 mayo, 2014

Amigo cuéntame otra vez

Han pasado más de siete meses desde que le escribí una carta, supuestamente de despedida, a un gran amigo que aquella misma semana viajaba de Costa Rica a Córdoba, Argentina. La verdad es que aquella carta era más bien un manifiesto de inconformidad, decepción, y al mismo tiempo un reclamo a la esperanza, que parecía, se quedaba cada vez más dormida. Sentado en un buen puerto del Mediterráneo llegaban noticias del acontecer político de mi país, así que podrán imaginar: era escribir o morir ahogado de cosas pendientes por decir y gritos queriendo escapar.

Han pasado más de siete meses desde que le escribí aquella "Carta para un viejo amigo", carta que luego publicaría en este blog como "Carta para un amigo viajero" (la entrada más leída hasta el momento). Después de todo este tiempo recibí, sin esperarlo, y por lo tanto como una gran sorpresa, su respuesta. No quisiera contarles sobre su mensaje y más bien quisiera compartirles la carta completa, ese llamado a la esperanza que considero, nos corresponde a todos.

"Como hasta ahora lo hemos hecho, deberemos apostar por la esperanza."


17 de mayo, 2014. Heredia, Costa Rica.

Amigo cuéntame otra vez



“Queda lejos aquel mayo, queda lejos Saint Denis,
que lejos queda Jean Paul Sartre, muy lejos aquel París,
sin embargo a veces pienso que al final todo dio igual:
las ostias siguen cayendo sobre quien habla de más.”
-Ismael Serrano-


Querido amigo:

Hace ya algún tiempo me dirigiste una emotiva carta, "Carta para un viejo amigo" la titulaste, y es que ya no sé si somos amigos por viejos o viejos por ser tan amigos. Sin embargo, no es ese el motivo de mi carta, mi respuesta nace de un sentimiento mucho más grave y hondo, ya es necesario gritar ¡esta boca es mía!.

Tus palabras han sido un triste augurio, parece que los "heraldo negros" de Vallejo anuncian escupiendo ferozmente tus palabras: “Nos asechan tiempos enfermos y confusos (...) urgencias que han sido silenciadas por la historia y por protocolos claros y consolidados que pretenden ocultar y desmoralizar a quienes se atreven a hablar de más, protocolos que pretenden cortar los dedos y las manos a cualquiera que pretenda libertad (...)”.

La vorágine es cada vez más fuerte, tempestuosa y aún no hemos aprendido a volar querido amigo. Aquella extraña choza en la marginación y la exclusión a la cual acudíamos cada buen vino para repensar el mundo está tomando cada vez más un aire de hogar y en lo que antes era transitorio ya se han instalado unos muebles maltrechos que anuncian la preparación para una larga estadía.

Sé que captas igual que yo esa extraña sensación de descubrirse extranjero donde apenas ayer era tan cómodo y la terrible indiferencia que provoca cada vez más los discursos que antes estábamos dispuestos a escuchar con buena gana. ¿Cuál será nuestro lugar? ¿Y cuáles nuestras circunstancias?

Siempre dijimos: “Somos los niños burbuja, el fin de la historia, x en ecuaciones” y también exclamamos,   “Nos queda Leonard Cohen, Tom Waits y Nick Cave, Charly, Fito, Spinetta”, me permito añadir Buenos Aires y el Mediterráneo. No obstante, (y esta es mi preocupación fundamental) creo que la realidad está exigiendo mucho más, ya esto es por mucho, insuficiente. Solo sé que el mundo demanda transformación.

A este punto de la historia personal ya no queda salida posible, la confrontación es inevitable, la rabia insolente de nuestra juventud deberá ser juzgada por la historia. Como hasta ahora lo hemos hecho, deberemos apostar por la esperanza.

Acepto algo de decadencia en mis palabras, como advertí, son tiempos oscuros, pero tengo bien claro que he escogido bien en tenerte a vos como compañero de trinchera. Se trata de vivir con decoro y elegancia.

Te escribo a vos por ser mi amigo, pero sobre todo por ser tan altivo, por la coherencia de la palabra respecto a la llama incendiaria que arde en nuestro interior, por la valentía de apostar a otro mundo posible, la revolución de prender en llamas la tradición y declarar la libertad aún cuando esa palabra no siempre rima con verdad.


Un abrazo,

Steven Herrera Bonilla.


PD: Esperemos que los que sufren de normalidad, los moralistas, y los creyentes autocomplacientes, no nos juzguen por el exceso de divergencia, tanto en la forma como en el contenido de estas palabras, y si de hecho lo hacen, entonces habrá empezado ya la revolución.


*  *  *


Quisiera agregar a en esta entrada algunos dibujos que llevan ya un buen tiempo conmigo. Son obra de otro gran amigo, Sebastian Gutierrez Paniagua, y son dibujos que -estoy plenamente convencido- nacieron en los mismos lugares en que nacieron estas cartas. Se trata de soñar y creer.


Esperanza desde Madrid: "La esperanza es el sueño de los hombres despiertos".


Mujer cualquiera.


Alba.


Enemigos íntimos.



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