27 agosto, 2014

Historias de la ciudad - Lo más Rock & Roll de por aquí

Pude correr, salir en busca de aquella sonrisa. Pude escribirle otra vez, preguntarle dónde estaba, en qué sitio se había metido. Pude ir y besarle una mejilla, la otra justo después, pude besarle los labios sin su permiso. Una bofetada para poner todo en su lugar no es tan grave cuando han pasado tantos años como pasan las nubes, disimulando la alegría y la tristeza con su torbellino blanco.

Cuando quise coincidir con ella, me vi perdido hasta escuchar su voz apenas en un susurro diciéndome: "Por fin viniste, te estaba esperando". Y así, en uno de esos bares con tantas historias como gente tomando su cerveza en medio de la calle, fue donde bailamos una vez más. Apenas una de las grandes cosas que pasan siempre, o casi siempre, en los bares maltrechos de por aquí.

Es para mí el sitio más Rock & Roll de la ciudad y ahí estaba ella, solo un par de horas antes de decirme: "No te apures, tranqui, que el fútbol es más importante". Tendrían que escuchar esas guitarras, ese abrir y cerrar de ojos como si fueran la eternidad. La banda no tenía compasión, te hacía volar. Yo estuve ahí, siendo testigo de la improvisación de aquel italiano que a tientas se atrevió a cantar en inglés, de los movimientos de la chica con telas de gitana, del loco de barba blanca bailando libre en el centro del lugar, del guitarrista tímido pero, sin duda, un maestro con sus dedos sobre las cuerdas de metal.

Recordé aquellos primeros viajes, todas aquellas ciudades que alguna vez visité, siempre he sido el pobre niño que, inocente, mira y mira al infinito. Y aunque hayan pasado ya algunos años, sigo soñando, como sueñan los niños, sigo anhelando una pequeña taza de café en cualquier esquina de cualquier ciudad.


Foto: Daniel Chaves.


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