22 marzo, 2014

Como un disparo andaluz: Ronda

En Ronda tengo tres historias. La primera se escribió cuando apenas tenía una semana de haber llegado a Málaga. Se organizó un viaje para todos los estudiantes de intercambio que iniciábamos nuestra experiencia ese semestre, así que fui a esa pequeña ciudad perteneciente a la provincia de Málaga en un bus lleno de personas desconocidas, todos hablando cualquier otro idioma menos español. Conocí a muchas personas pero solo a una que terminaría por ser un gran compañero de viaje durante mis cinco meses en España, Julian, el chico alemán que me había guiado por las pequeñas y viejas calles de Gibraltar.

La segunda historia, y probablemente una de las más bellas historias en toda esta experiencia (incluyendo todos los viajes pasados y venideros), fue la historia de como volví a sentir el cálido abrazo de una familia cuando Clara, mi compañera de piso en la Comedias, me invitó una noche y dos días a compartir el inicio de un nuevo año con su familia. Un almuerzo exquisito, muchas risas, muchas fotos de tiempos en que fueron tan felices -y nada había cambiado hasta el momento más que la vejez, siguen siendo una familia que no puede evitar transmitir esa felicidad, al menos eso fue lo que me traje de Ronda en aquella oportunidad, felicidad-, historias de todos sus viajes por España y Argentina, una perra asustada por los fuegos artificiales y la promesa de un asado en su casa el próximo verano. Una de las promesas que más me ha dolido romper.

La tercera y última historia fue un pequeño regalo de la Diputación de Málaga, que ofreció un viaje de un fin de semana con todo pago y con guías turísticos a algunos de los estudiantes de intercambio de ese semestre. La idea era ofrecernos otra mirada a la provincia de Málaga, no solo la cara de la Costa del Sol sino también la del interior de la provincia, sin imaginar, claro, que esa sería mi tercer visita a la ciudad. Ahí conocí a nuevas personas, personas que también terminarían por ser grandes amigos y de los que también fue difícil despedirse aquella noche de febrero en que anuncié mi regreso a Costa Rica. Fue un gran paseo, muy diferente al primero, nos reímos mucho y tuvimos la suerte de entrar a un bar (eramos más de 20 estudiantes los que decidimos salir juntos la noche que estuvimos en Ronda) y recibir una jarra de cerveza cortesía de una pareja de irlandeses que ya debían de estar muy borrachos. Subieron la música, pedimos otra y otra cerveza y bailamos hasta que ya no aguantaran los pies. No era tan tarde cuando decidimos volver al hostal, el desayuno empezaba a las 8 de la mañana, y todos queríamos desayunar... y dormir.

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Álbum completo en Flickr: Ronda: pueblo blanco andaluz

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