22 marzo, 2014

Como un disparo andaluz: Málaga

Salí de la puerta del aeropuerto, busqué el tren de cercanías que me llevaría hasta la estación Málaga Centro Alameda. Mi cara seria, más bien triste. Pensaba en la intensidad del viaje que estaba acabando y del que estaba por terminar. Volver a la ciudad tenía el amargo sabor de una crónica de muerte anunciada. Habían pasado casi cinco meses desde que llegué a Europa, y para ese momento, solo tendría cinco días más para despedirme de los últimos amigos que aún quedaban en Málaga y para preparar mis maletas, regalos, recuerdos, historias. El viernes por la mañana volvería a Costa Rica.

Málaga es como contaban. Imposible no enamorarse de esa ciudad, de su gente, de los locales y de todas las personas que me acompañaron durante mi experiencia de intercambio. Aquella tarde que regresé de mi viaje por Austria y Alemania, y casi dispuesto y obligado a empezar a preparar mi regreso, escribí una carta de despedida que hasta el momento no había publicado, y aunque lamento que este relato se extienda tanto, no podría perdonarme no compartirla ahora. Aquí se las dejo:

Carta de despedida: erasmus Málaga 2013-2014

Me dijo "vamos a tomar un cerveza". "No tengo más dinero" le contesté. Me acostumbré a poner en mi billetera solo el dinero que, estando completamente sobrio, estaba dispuesto a gastar en un botellón y en su correspondiente fiesta en el club después. "¡Ah! No pasa nada, yo pago". Así nos bebimos una cerveza y bastaron los minutos que duramos en ello para sentir que habían valido más que las incontables noches gastadas en brincos y cantos al ritmo de la música en cualquier club del centro de la ciudad. "Es lo único malo del erasmus: vienes, conoces a mucha gente, luego se hacen amigos, y al final, sin más, tienes que decir adiós", me dijo. Cinco meses son suficientes para crear junto a muchas personas y a una ciudad, una amistad que aunque parecía que pronto iba a terminar, duraría para toda la vida.

Y de repente te sentís como al inicio: solo y sin salida. Con miles de promesas obligadas para intentar hacer de aquel último abrazo un abrazo menos difícil, de aquel último beso en la mejilla izquierda un beso menos desesperanzador. La diferencia es que quienes te habían despedido aquella tarde lluviosa en tu ciudad ya han aprendido a vivir sin vos, y te toca aprender a vivir nuevamente en la misma ciudad de la que huiste aquella tarde de septiembre, esta vez con muchas más despedidas y planes de reencuentros sobre tus hombros que la primera vez. Así son los últimos días de un erasmus. Las maletas no se dejan abrir, no quieren llenarse de nuevo pues saben que esta vez cargarán con el peso de miles de recuerdos y con la que será, probablemente, una de las más grandes experiencias de nuestras vidas. Cargarán con nuevas palabras en otros idiomas: polaco, alemán, coreano, italiano, y hasta las diferencias del idioma entre todos los latinoamericanos. Las maletas saben que no habrá espacio para tantas historias, tantos amores que no llegaron a amores y con tantos besos aparentemente sin futuro que terminaron en una cena para dos con vino tinto y croquetas de jamón.

Las puertas del piso no se dejan abrir. Saben que cuando llegue la hora de la partida, nunca más habrán películas por las noches, risas, chistes, burlas. Nunca más el mundo volverá a ser tan pequeño, nunca más será aquella pequeña sala la convención más grande de tolerancia, cultura y amor. En la cocina ya no habrán más accidentes ni cafés a altas horas de la noche. No amanecerá nunca más a la una de la tarde y la ducha extrañará las resacas de cada fin de semana que solían ceder después de un gran baño con agua caliente, obra del dios gas de butano. Las ventanas, las cortinas, los últimos exámenes... todo, aparentemente todo, se complementa en el gran intento de atraparnos una temporada más en esta ciudad. Algunos tendrán la oportunidad, y si, lo he leído y escuchado muchas veces, las comparaciones son odiosas, pero me siento escéptico respecto a la posibilidad de que haya otra experiencia tan grande como esta primera vez. Una gran excusa para nunca dejar de buscar.

Parece muy triste lo que escribo. Lo es. Pero, ¿no es acaso esta tristeza la prueba más grande de cuanto disfrutamos esta experiencia? Hoy tenemos el gran privilegio de crecer y de recorrer los caminos futuros sabiendo que el mundo está lleno de amigos. Una gran excusa para soñar con volver. No sé cuando ni donde, pero sé que algún día alguien recordará con una gran sonrisa aquella tarde de tapas o de playa en la Malagueta. Alguien sonreirá -espero- y dirá "claro, yo conocí a aquel muchacho bajito de Costa Rica que tenía un español que todos podíamos entender". Alguien, y con alguien, me incluyo yo mismo, será feliz cuando recuerde aquella nochevieja en Plaza de la Constitución, aquellos montaditos en el puerto, aquellas finales de futbolín en el Luke´s bar, nuestra segunda casa. Seremos viejos, en el mejor de los casos exitosos, seremos probablemente muy distintos, pero siempre, siempre, esa mirada cómplice vendrá de nuevo a nuestras caras cuando le contemos a nuestros nuevos amigos o a nuestras familias: "sí, yo hice mi erasmus en Málaga", "aún recuerdo a todos los chicos", "pero mira, ¡que jóvenes eramos!", "iré a visitarlos este año".

Parece un paraíso lo que escribo. Lo es. Se llama erasmus, se llama juventud, se llama el mundo en el que vivimos y espera a que nosotros preparemos nuestras mochilas y salgamos a por él. Parece fantasía lo que escribo. Yo lo viví, lo atestigüé. Si me ves o si estás leyendo esto, no es una fantasía, es real. Espero que nunca olvides que la vida es una sola y se trata de eso, de vivir.

A todos mis amigos que hoy despido, esto es una forma de 'deciros' gracias. Gracias por el gran privilegio de permitirme conocerles y por ser parte de esta gran historia que marcará, en definitiva, todo lo que viene por delante. A todos los que también me permitan el gran privilegio de seguir construyendo historias juntos, nos queda la obligada y necesaria tarea de seguir siendo felices.

¡Salud por el mundo, que con un poco de amor es un mundo mucho mejor!

Ps: Me habría encantado publicarla en inglés, pero temo que la traducción termine siendo una puta mierda. Ya han aprendido buen español, sé que la entenderán perfectamente.


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